La barriga de humo

La mayor novedad periodística en las últimas horas la constituye la barriga de Lucía Lapiedra, una señora embarazada que ha tenido a bien enseñárnosla. Se sospecha que la sesión fotográfica ha sido posible gracias al desembolso de un grueso fajo de billetes, pero en el tránsito no hay sorpresa, por mucha embarazada que pose.
Durante ese mismo tiempo también se ha dado a conocer el contenido de unos papeles en poder de un detenido donde se narra la negociación del Gobierno con unos criminales, pero como ocurre en el caso del fajo, el detalle tampoco aporta ninguna novedad.
Tan vulgar resulta, que algunos periódicos ni siquiera la registran en sus titulares más destacados. Noticias así ya no venden. Eso sí, la barriga de Lucía Lapiedra aparece bien destacada, prueba de su rareza.
Fíjense cuán escaso es el interés informativo del descubrimiento, que uno de los documentos relata algo así como “el método para colar Batasuna en las elecciones”, algo que todo el mundo sabe ya de sobra porque lo ha visto producirse delante de sus narices, delante de las narices de los representantes de la legalidad vigente e incluso delante de las narices de Pantoja, que se ha quedado con ellas más chatas que antes. Y ya es decir.
Por darle cierta emoción al hallazgo de los papelitos de marras, se han puesto a discutir si el mencionado diálogo se mantuvo antes o después del accidente de Barajas, en diciembre pasado. También les podía haber dado por preguntarse si fue antes o después de Hipercor, de Miguel Ángel Blanco, o de Zaragoza. Así nos íbamos acostumbrando para cuando sea necesario negociar con futuros grupos aficionados al uso indiscrimado de titadynes y otras gomas de borrar.
_¿Esto fue antes o después del 11-M?
_Antes, antes… no, mejor dicho, después. Creo que después… o mejor ¡en el medio!
Hay que estar con los tiempos y no despistarse con barrigas de humo.

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