Saber perder

Malas noticias para ZP. El brazo que alzó el del vencedor de las elecciones francesas no fue el suyo, sino el de Rajoy. Me alegro por los franceses y por mí mismo, pues había prometido comerme la columna si Sarkozy no era el elegido.
La apuesta carecía de grandes riesgos puesto que el mensaje de firmeza y sensatez de Sarkozy era el único con capacidad ilusionante para todos aquellos que creen en el valor de las ideas, del esfuerzo individual, de la libertad y de la justicia.
Pero también estaba pronosticado que no todos los perdedores iban a reconocer la decisión de las urnas y que desde el primer momento tratarían de deslegitimar la presidencia de un hombre con las ideas tan claras y tan contrarias a sus intereses, pues si a Sarkozy le acompaña el éxito, ante la izquierda se abren al menos ocho años de sequía.
Y así ha sido. Durante la madrugada del lunes las calles se han llenado de rabiosa violencia, sincronizada y orquestada. ¿Ocurriría lo mismo si la vencedora hubiese sido la compañera del primer secretario del Partido Socialista, François Hollande? No merece la pena la especulación.
Es difícil señalar cuál de todas las propuestas del nuevo presidente enciende más los ánimos de los alborotadores, o si se han lanzado a la kale borroka simplemente por el hecho de perder, que también es muy probable.
Será la de endurecer las penas a los reincidentes, será la obligatoriedad de aceptar una tercera oferta de trabajo a quien cobre el desempleo, serán las ayudas a la compra de una vivienda que mitigue el movimiento okupa, será el contrato de unión cívica para las parejas homosexuales, será levantar el culo del asiento cuando entre el profesor en clase, serán las ayudas familiares desde la llegada del primer hijo… ¿Serán todas ellas juntas porque abogan por una Francia más justa con los que se esfuercen y menos complaciente con los que gustan de la sopa boba?
De todo habrá. Además, Sarkozy no ha prometido que los estudiantes pasen de curso con la mitad de suspensos.

Comenta