Cuanto antes

El mensaje es que estamos amenazados y que la masacre, Dios mediante, será por mayo florido y hermoso, antes de la segunda vuelta francesa, antes de las nuestras, o antes de que nos demos cuenta; pero siempre será antes, porque después no tiene tanta gracia.
También nos dicen que se han tomado toda suerte de precauciones en Ceuta, Melilla y las ciudades andaluzas de la costa, lugares donde los efectos del terror ya están conseguidos antes de que nada ocurra, gracias a lo cual se confirma que efectivamente, todo va a suceder antes.
Lo último que cabe sospechar de Al Qaeda es que contrate un avión de caramelos para lanzarlos sobre los niños españoles a la piñata; eso ya lo sabemos. Una vez descubierta la aguja de marear de Occidente y comprobados los magníficos resultados que se obtienen, tonto sería quien la desperdiciase.
La cuestión radica en dilucidar si se les va a hacer caso siempre, si la retirada de las tropas de Irak fue un episodio puntual, si estamos dispuestos a hacerles frente, o si llegará un día en el que tendremos que sentarnos con ellos en una mesa de negociación, felices y contentos, porque emprendemos un nuevo proceso de paz en el que sólo nos pedirán anexionar cuatro provincias de nada al califato.
Si no lo hubiésemos vivido ya, nada nos haría dudar de que las masacres serían recibidas sin titubeos, pero la experiencia nos advierte de que las graves amenazas del terrorismo islámico de hoy, mañana pueden llamarse simples accidentes al paso alegre de la paz. O si no, que se lo pregunten a los senadores socialistas, que ayer han aprobado sin ningún empacho el título de presos políticos aplicado a los etarras. O lo que es lo mismo, la declaración de que en España se castiga la disidencia política y no la comisión de delitos de sangre.
Si se va a repetir la misma jugada con los yihadistas, más nos vale adelantarnos, preguntarles qué provincias quieren, e invirtarles a pasar con un amable: ¡Al fondo hay sitio, oigan!

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