Escaso de grandeur

A los franceses, cosa rara, les tira mucho Francia. Aún con sus problemas y sus crisis identitarias a cuestas se aprecian a sí mismos como primera medida. Por eso resultó tan chocante que una candidata con posibles de alcanzar la presidencia se hiciese fotos con un político cuyos méritos más visibles están relacionados con la flexibilidad de sus conceptos sobre estado, nación o soberanía. A poco que se les trate se descubre lo mucho que estiman la grandeur, o sea, aquello que les une y les garantiza fortaleza para no dejarse balancear por vientos ajenos.
ZP es la antítesis de la grandeur. Ni respeta la historia, ni da aprecio a la unidad, ni cree en las leyes que le han llevado a ocupar tan altas responsabilidades. Se ignora lo que Francia puede percibir de todo esto, pero por poco que sea, el marchamo ZP sólo puede ser visto con buenos ojos por la izquierda menos francesa. Ségonèle no da la imagen ZP; sin embargo lo ha querido a su lado, lo cual nos informa de que conoce muy poco a sus paisanos y no se merece presidirlos. (Si las componendas de la segunda vuelta impiden estas impresiones, me como el artículo y santaspascuas).
Por otra parte, sería la primera vez que ZP acierta a estar en el bando del vencedor, salvo en su propio caso. Y no es que el vencedor _ por ahora Sarkozy _, sea siempre la mejor opción, pero al menos es la que mejor conecta con la mayoría.
Javier Valenzuela, su asesor de Información Internacional en la primera mitad de la legislatura, recuerda ahora lo mucho que confía en su baraka, lo mucho que improvisa y lo poco que medita, estudia y planifica. Y todo ello dicho por un rendido admirador. Qué no se dirá de él cuando el tiempo nos permita un análisis profundo y sin miedo a ser acusados de partidismo.
Ségolène se equivocó de modelo y aunque nada sabremos de sus resultados en el caso de no fotografiarse con él, hay tan escasa grandeur en el presidente del sur, que arriesgamos a aventurarle mejores resultados sin su apoyo.

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