Alianza de rapsodas

Hasta donde uno alcanza, lo que de verdad le mola al común de los raperos es ser políticamente incorrectísimos; insultar al prójimo como a sí mismos, hablar de penes, tetas y culos; poner cara de echar una constante bronca al mundo y rimar consonantes, con muchas aliteraciones y licencias tónicas.
Dicen que el término proviene del inglés to rap, “golpear, criticar”; pero lo que de verdad le aviene es derivar del griego rapsoda, “el que cose versos”, o sea, el que los va ensartando a medida que se le ocurren. Quizás por eso el término también esté emparentado con la expresión “coser y cantar”. Rapsodas son los bertsolaris, los copleros, regueifeiros, troveros y glosadors; improvisadores en suma de un mundo que interpretan a su manera, espontáneos, monocordes, machacones, de dura apariencia y endebles fundamentos.
La gracia del rapero, si consigue no levantar dolores de cabeza, es su frescura, su presunta independencia y esa juvenil ingenuidad que le permite hablar de lo divino y de lo humano como si antes se hubiese tragado la biblioteca de Alejandría.
Pero ahora ZP los quiere poner a trabajar en su causa pro Alianza de la Civilizaciones. Quiere invadir de rapsodas concienciados los recitales multitudinarios y que rimen Zapatero con te quiero, y Ahmadineyad con prosperidad. El plan se llama de dos maneras: “La Imaginación como Capital Social” y “De la mano del Rap como Educador”. No me pregunten por qué, pero es así.
El tinglado consiste en pagarles unos cuantos milloncejos a los raperos que se presten _ porque una cosa es poner a parir al mundo y otra hacerle ascos a los dólares _, y esparcirlos por doquier predicando la buena nueva. Los rockeros, los tenores, los baladistas y los violinistas tienen que estar fumando en pipa, habida cuenta del chollazo que se están perdiendo.
Mi hijo, que es rapero en ciernes, ya me ha preguntado; “Oye, papá; ¿con qué rima holocausto?”

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