Los bajos del coche

No lo creo, pero a lo mejor hay algún ciudadano que se ha llevado una sorpresa al comprobar que el comando Donosti atesoraba 170 kilos de material explosivo en pleno proceso de paz, que sopesaba objetivos humanos en pleno proceso de paz y que adiestraba a nuevos gudaris para disparos y explosiones en pleno proceso de paz. Si existe ese ciudadano, sin duda habita en la Moncloa.
Al resto de los contribuyentes, las informaciones de este fin de semana les habrán sonado como la eterna cantinela: si alguien se asocia para cometer delitos, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad tienen la obligación de detenerlos. Lo raro es que en la operación no haya caído también algún representante del Gobierno, pillado in fraganti, inmersos en activa negociación, ya que dos de los detenidos se identificaron como mensajeros de ETA en el proceso, quizás a la espera de recibir tratamiento diplomático.
Después de los bochornos vividos por los tratos de favor dispensados en el excepcional caso de De Juana y en el no menos extraordinario de Otegi, la lógica de los acontecimientos no evita que hubiese sido deseable no encontrar nunca más una noticia como ésta. Pero no hará falta repetir hoy que tal eventualidad no entra en los planes de ETA.
La organización no está dispuesta a abandonar el instrumento con el que nació, el que sabe manejar con destreza, el que le da autoritas en el País Vasco y sin el que se queda vacía y amoscada, la violencia.
Cuando se demuestre lo contrario, la situación habrá mejorado tanto que hasta los vascos podrán expresarse sin miedo ni coacciones, y entonces se darán cuenta de todo lo que han tardado en conseguirlo, pues aunque últimamente allí donde no está implantada ETA no podemos presumir de un gran desarrollo político, al menos no miramos los bajos del coche antes de arrancarlo y eso, quieras que no, ayuda un montón a realizar con tranquilidad todos los procesos fisiológicos, incluido el de pensar.

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