El mundo memo

Se demuestra que en mentes poco apuntaladas los efectos que produce el estado de bienestar son demoledores. Hace poco escuchábamos a un imberbe pipiolo decir a cámara sin ningún sonrojo: “Los jóvenes tenemos derecho al botellón”, que a punto estuvo de causarle una embolia a la ministra Salgado.
Algo parecido se le escapó por la boca a un mandatario local de una zona afectada por pequeños pero continuos terremotos: “Esto no puede consentirse nunca más”. Es decir, no hay derecho a que se mueva la tierra e Interior debe tomar cartas en el asunto, pues para algo es del interior, esto es, del epicentro.
Como ven, la tontería del bienestar afecta a todas las edades y a todos les hace creer que llegan al mundo a mesa puesta. Los telediarios colaboran lo suyo a estas cosas. “No hay derecho a que llueva tanto en invierno”, se oye en tierras afectadas por inundaciones. O aquello tan bonito con el que suelen abrir los informativos algunos teóricos del bienestar: “Aprovisiónense de abrigos, porque hace frío”. ¿Qué pasa? ¿El frío es una desgracia, o qué?
Paz Vega, que está a punto de parir, va más lejos y su protesta le lleva a bramar contra los hospitales, porque son sitios donde coinciden personas que van a dar a luz, cual es su caso, con otras que van a morir. ¡Qué asco!
A estos maleducados de algodones que protestan cuando el día amanece nublado, cuando aumenta un gramo su masa corporal o cuando a su alrededor no existe la suficiente concentración de glamour y felicidad, habría que enviarlos, no a la mili, que ya no se estila, sino a uno de esos países azotados por la hambruna para que supiesen lo que vale un peine y regresasen con las orejas gachas y dando gracias por las nubes, los terremotos y los hospitales de parto y muerte.
Otra mujer estupenda, Halle Berry, nos confiesa toda ufana que intentó suicidarse tras el fracaso de su primer matrimonio. ¡Jo, qué fuerte, Maripili! ¡Pues haberlo culminado! Entonces es cuando podría darnos lástima.

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