El ocio deteriora

Ya era extraño que el Día del Padre se librase año tras año de las patéticas cursiladas que pergeñan en sus despachos los apóstoles del nuevo orden universal, pero se ve que le ha llegado la hora y es muy probable que en el 2008 haya novedades.
La andanada proviene de Pedro Zerolo, que en estos asuntos de palabrería huera tiene vara alta, no en vano es una de las actuales lumbreras del pancartismo desde que enarboló aquélla tan fina y delicada que decía: “Aquilino, métete un pepino”, inspirada en la famosa obra, cumbre de la metafísica, El fontanero, su mujer y otras cosas de meter.
Bueno, pues este Zerolo de las ocurrencias ha anunciado que no le gusta el Día del Padre y que si dependiese de él, lo transformaría en el Día de los que te Quieren de Verdad, como diciendo que los padres te quieren por obligación, que hay que comérselos, o que son un engorro, porque te educan, te dan de comer y te acuestan antes de que acaben los Serrano.
Al escuchar mamarrachadas semejantes se constata cuánta razón asiste a quienes creen que en la administración española sobran la mitad de los cargos existentes, pues el mero enunciado de estas disensiones tan profundas sólo puede ser causa de un exceso de ocio e inactividad, de una ausencia de cometidos y de una inmensa cara dura.
Salvo que en los últimos meses hayan modificado la política tributaria y no nos hayamos enterado, los concejales cobran de los ciudadanos y se deben a ellos para procurarles servicios y bienestar, no para hacerles reír, que para eso se pagan otras cantidades en el puesto instalado en el hall del teatro, como recuerdan machaconamente Les Luthiers.
Después de un montón de años sin darle mayor aprecio al Día del Padre, Zerolo va a conseguir que la próxima convocatoria la celebre de tiros largos, con profusión de corbatas, colonias de acento francés, una tarta merengada y posiblemente un purito de Vuelta Abajo.

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