Nervios desatados

Aunque con los correspondientes matices hay un punto de gran coincidencia nacional: el futuro político de ZP está en manos de ETA.
Él lo ha querido así y nada le va a librar a estas alturas de esa dependencia que atosigó a todos los gobiernos anteriores, pero nunca hasta los extremos actuales. Por eso todas las conjeturas se realizan a partir del supuesto comunicado etarra.
Cuándo se realizará _ antes o después de las elecciones, antes o después de las listas de Batasuna, nunca _; qué dirá _ sí, pero no; no, pero sí _, y qué efectos producirá _ desde la aplastante victoria hasta ser aplastado por él _, entre otros elementos circunstanciales.
Para usufructuar el mejor de los supuestos, el Gobierno precisa que se invierta el actual panorama, es decir, que ZP deje de estar en manos de ETA y que sea ETA la que esté sometida a la ley y al Gobierno, lo que supondría su desaparición y el reconocimiento de la legalidad por parte de toda la izquierda nacionalista vasca.
Por supuesto, con esa solución ZP arrasa y minimiza cualquier otro reproche que se le haga a su legislatura, no sólo en la convocatoria de mayo, sino en la del 2008.
En el extremo opuesto está la pervivencia de ETA, la constatación de la burla y nuevos atentados. Y en el medio queda espacio para que suceda de todo, pues ni unos renuncian a sus objetivos, ni otros niegan en redondo que sean inalcanzables, Navarra incluida.
A corto plazo se vislumbran las elecciones y la obligación de salir airoso, aunque el contencioso principal se mantenga todavía sin resolver. De ahí que se espere el comunicado con la ansiedad del corredor de 100 metros en posición de salida. De ahí que la nieve sea vista como una bendición del cielo que retrasa la llegada de Otegi al juicio. De ahí que Miguel Sanz intensifique su campaña en pro de la Navarra foral. De ahí que diga tener el respaldo del Rey. De ahí que los nervios estén desatados.

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