Una prima superlativa

Érase un país a una prima pegado

En el fragor de la tertulia, día sí y día también, toca hablar de la prima, de que nunca nos habíamos preocupado de ella, de la conveniencia o no de contemplar al detalle sus evoluciones, y si la conversación alcanza alturas de cátedra, también se aborda qué diantres es esa dichosa prima.

Si le preguntasen a un poeta japonés de haiku qué es la prima de riesgo, contestaría que es el plumón de un ánade lanzado al espacio en busca de la calma. Si sopla el viento de la tempestad, el plumón se eleva y vuela hasta que amaine Eolo. Cuando eso ocurre, el pánico se apodera de las casas y nadie mueve un dedo para no ser arrebatado por la tolvanera, todo ello dicho en correcto japonés y con la entonación apropiada para leer el Bushido.

Si se lo preguntasen al sapientísimo Kalikatres, fallecido al iniciarse este año en su versión mortal de Ángel Menéndez, el egipcio nos diría que la prima de riesgo es la sensación que tienen los demás sobre el estado de tu despensa, es decir, un chismorreo de patio de vecindad.

Y si se lo planteasen a Augusto Monterroso, el guatemalteco contestaría diciendo que la prima es un dinosaurio que todavía estaba allí al despertar.

Hemos escogido esos tres puntos de vista bien alejados del mundo económico para captar la sutileza del baremo que utilizan los inversores, tanto los aversos al riesgo, como los que no lo son, si es que queda alguno.

Esas alas de mosca que parece tener por agujas se mueven a velocidad de vértigo y así como descienden cincuenta puntos tan solo con escuchar las ocho palabras de Mario Draghi, también son capaces de remontar a media mañana y acercarse a los niveles previos a la euforia sin que nadie sepa exactamente por qué.

Si Quevedo la tuviese en su época la cantaría como le cantó a Góngora, érase un país a una prima pegado.

2 Comentarios a “Una prima superlativa”

  1. SEito

    Pues será eso . Lectura desde el exterior, de los comentarios del patio de vecindad donde todo el mundo pone a parir nuestro patrimonio y sus valores, como puede ser a nuestra Seguridad Social, sin comadrona, oxitocina y todo lo demás aplicando cesárea de sobremesa, sobrados como vamos tirando por la ventana la despensa . Los de la pérfida, no;ellos le hacen un hueco dentro de su musical olímpico aún estando igual o peor que nosotros .
    A ver cuando dejamos de gastar pasta en aprender Inglés, aplicando la vista en la pantalla sin intérpretes . No hay como la versión original .

  2. scéptika

    En su haiku, querido Boss, sobra una sílaba en el verso intermedio. Que debería ser final. No passa nada.

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