Ley seca e interrupta

La non nata ley del vino, antialcohol, antibotellón, o como finalmente fuese llamada, se gestaba con evidentes taras físicas y psíquicas, como por ejemplo era su fecundación sin que el sector implicado hubiese participado en el coito, que siempre es la parte más divertida.
A consecuencia del olvido y de sus fatales secuelas, el ginecólogo jefe se ha visto en la obligación de decretar la interrupción del embarazo, motivo por el cual está recibiendo los parabienes de los padres frustrados. ¡Así se hacen las marchas atrás! ¡Torero! Bueno, torero no, que eso también lo van a prohibir.
Sin embargo, como en el caso de los abortos, la noticia no es buena para nadie, ni siquiera para el sector vitivinícola, que se presenta hoy como el vencedor del envite frente al órdago de Salgado, porque algo habrá que hacer con los jóvenes bacantes.
El asunto es que la ministra demostró desde el primer momento muy pocas dotes para llevar a buen puerto un barco que debería fondear en puertos de extrema sensibilidad social, cultural y económica.
De entrada, no supo transmitir los objetivos que se perseguían a una sociedad que empieza a ver a este Gobierno como una máquina de crear conflictos, esforzado en prohibir los usos, costumbres y fronteras tradicionales para imponer los que a ellos les viene en gana, como nuevos Martiños Dumienses, dispuestos a limpiar la sociedad de sus errores a golpe de decreto.
En ese sentido pasaron semanas sin saber a ciencia cierta si se nos había acabado la longeva costumbre de acompañar la comida con vino, si fusilarían a los bodegueros, o si habría que imitar a Moratinos y consumir vino de Burdeos.
Sólo cuando habían conseguido poner de uñas a todo el sector productivo, distributivo y consumitivo, nos enteramos de que no, de que los tiros iban contra el botellón y el abuso del alcohol por parte de los pipiolos.
Quizás entonces era demasiado tarde, princesa.

Un comentario a “Ley seca e interrupta”

  1. mznbxcv

    can prednisone make psoriasis worse ,

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