De futbolines

La ITSF (International Table Soccer Federation), a la que no pertenece España, pero sí otros 41 países, no se hace eco en su página oficial de la muerte de Alejandro Finisterre, es decir, de Alejandro Campos Ramírez, que entre nosotros tenemos como el inventor del futbolín, además de otras muchas actividades políticas y literarias.
El silencio de la ITSF sobre Finisterre va más allá de la noticia de su muerte, ocurrida en Zamora el pasado día 9 de este mes, puesto que ni en la historia del futbolín _ metegol, en muchos países latinoamericanos _, ni en la relación de patentes, ni en ningún otro momento se menciona la fenomenal historia del poeta gallego que siendo adolescente durante en año 1937, inventa unos muñecos atravesados por una barra para que los niños de la guerra a su cargo jueguen al futbolín bajo cubierto.
Las primeras patentes que la ITSF reconoce se remontan al año 1890 y se suceden en continuidad hasta 1933 referidas siempre a un mismo país, Inglaterra. Desde esa última fecha hasta nuestros días hay otro centenar de patentes, casi todas norteamericanas, con presencia de belgas, suizos, canadienses, franceses, italianos y holandeses.
El primer diseño que la citada Federación Internacional reconoce como futbolín y que se identifica como tal, al margen de las patentes de 1890, es inglés y está fechado en 1908. Consta de seis barras por equipo y sirve para jugar tres personas contra tres. Además del portero, cada una de las barras lleva dos jugadores de campo alineados en la misma posición. La distribución de los muñecos tal como hoy la conocemos, también es inglesa y se fecha en 1931.
Con todos estos antecedentes no se pretende arrojar un chorro de agua fría sobre la legión de admiradores de Finisterre, sino constatar una realidad que existe en paralelo a su emocionante historia para tenerla en cuenta, pues de nada vale taparse los ojos y bordear el ridículo.

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