La verdad

Su teoría es que no puede haber reconciliación si no se conoce la verdad. Y su práctica se traduce en abrir tumbas y airear matanzas, aunque sólo las de la postguerra, sólo las franquistas y sólo las de Valencia. Es la Comisión de la Verdad, réplica de la Causa General sobre La Dominación Roja en España ordenada en 1940 y que tres años más tarde dió a conocer el ministro de Justicia Eduardo Aunós.
La teoría establece que la reconciliación pactada tras la muerte de Franco, no fue tal, sino una solución de compromiso temporal cuyo plazo se ha agotado, por lo que ahora se necesita la verdad para que agarre el engrudo y nos quedemos reconciliados a perpetuidad.
Conviene decir, antes de que se envicien más los términos, que la verdad interesa siempre, aunque como en este caso la reconciliación que parece inspirar su búsqueda no genere grandes muestras de entusiasmo. Primero, porque es un objetivo que todas las fuerzas políticas reconocieron haber alcanzado, y segundo, porque su sola mención restablece una falsedad, la existencia de dos Españas, la buena y la mala, que todavía se guardan rencor.
Para que responda a su nombre no basta que la comisión se encomiende a la bandera de la verdad. Bien saben los investigadores que en todos los casos bienintencionados se parte con dicha premisa, sin que ello suponga alcanzar ese concepto tan utópico como presuntuoso llamado verdad. La comisión que ahora se pone en marcha no duda que sus investigaciones le llevarán a ella con infalibilidad papal. Así da gusto. Después podríamos encargarle también otros trabajitos sobre lo mucho que se desconoce de la historia. Lagunas no faltan.
También llama la atención la nómina de personajes internacionales que ampara la iniciativa: Mario Soares, Danielle Miterrand, Desmond Tutú, Francesco Cossiga, Gabriel Jackson… ¿A qué viene tal despliegue? ¿Qué garantías amparan esos nombres? ¿Son valedores de la verdad histórica en sus respectivos países? Y aunque lo fueran, ¿a qué viene darles vela en este desentierro?

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