Medianías mediáticas

Esta profesión está bajo mínimos en la opinión pública. El lector / oyente / espectador la ha bajado a patadas del pedestal que ocupó en tiempos transicionales, casi al unísono con el descenso de la clase política. Unos, porque confunden churras con merinas y creen que Belén Esteban pertenece al gremio, ya que así se lo vende el medio. Otros, porque nos ven tan divididos y sectarios como si fuésemos a presentarnos a las generales. Y los terceros, porque han entrado en ese mundo vía blog y se han dado cuenta de que tampoco es para tanto.
Así las cosas, el ejercicio del periodismo, la organización de shows y la emisión de opiniones constituye un revoltijo de argamasa batiburríllica difícil de distinguir a simple vista y que no supone bondad o maldad. Simplemente es.
Ocurre entonces que sobreviene la guerra por las audiencias y quien la gana está, pero quien la pierde, como no se sabe si es de la cofradía o no, se va. Y entre pitos, flautas y baldomeros, está el follón armado.
Buenafuente, que es un chico muy simpático, pero tan sesgado como el que más, no quiere aparecer al lado de Losantos, que es igual de sesgado, pero menos simpático. Ándres teme que su audiencia lo confunda porque se ha puesto la etiqueta de progre; aunque ya me dirán ustedes qué tiene de progre llevar al Yoyas y darle media hora para que diga una sarta de lugares comunes, promocione un bar y venda un libro de ¡poesía! Para que vean que no hablo de oído. Eso sí, Ándres no tiene reparo en llamarle pollo al águila del escudo porque eso es mazo progre y compensa una semana de babosadas.
Pero como aquí el único que dice burradas es Federico, Ándres decide no ir a Ponferrada, donde también está muy cabreado Luis del Olmo, que se va a bajar del escenario si sube el de la COPE. ¡Jesús, qué tropa! Y todo por un premio. Si llega a ser un fusilamiento, se ponen a la cola para disparar.
Con todo y eso, ¿cómo no va a estar a la baja la profesión?

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