Cosas de chiquillos

Las posibilidades de evitar un Alcorcón eran mínimas. Se habían previsto todas las medidas necesarias para que ocurriese y naturalmente, ocurrió. O mejor dicho, comenzó, pues no hace falta ejercer de catastrofista, ni poseer las dotes de prospección de Melchor de Macanaz para saber que en aquélla y en otras concentraciones humanas se van a vivir tristes episodios de convivencia, por echar mano de un eufemismo al modo y manera como los que han utilizado Cascallana, el alcalde de la localidad, y Mestre, la delegada del Gobierno. Ambos parecen muy tranquilos ante las peleas de barrio que les afectan. Cosas de chiquillos. Y claro que lo son. De chiquillos fue tomarse a chirigota la inmigración, burlarse de la delincuencia y salir en la prensa a diario dando ejemplo de cómo han de burlarse las leyes. O mucho mejor, que la ley no pueda hacer nada frente al chiquillo.
Dice el presidente de la Confederación Nacional de Policía que algunos jóvenes son detenidos tres veces el mismo día y remitidos a sus papás otras tantas. Nada extraño. Si son chiquillos los que hacen las leyes, tratan de que les beneficien.
Antes las aflojaron. Ahora las van a endurecer. El policía no tiene quien le escriba. El profesor no manda en su aula. El padre escurre el bulto. La madre defiende a su retoño. El inmigrante se cuela. Esto es jauja. El que viene a trabajar se desespera. Los chicos ni estudian ni trabajan. Aparece la banda. Se organiza la mafia. El policía detiene. El juez lo suelta. O pagas, o te desvalijo el coche. O pagas, o no juegas al baloncesto. No hay bandas latinas. Chiquilladas. Hay que educar a la ciudadanía. Sí, pero sin dogmatismos. Cada uno es libre de hacer lo que quiera. Un equipo de fútbol sala se desnuda porque no sale en la prensa. Y sale. No nos dan cancha. Hay que defenderse, hagamos patrullas nocturnas. No es racismo, es delincuencia. Paz y amor. Han puesto una bomba en Barajas. Paz y amor. Se va a armar una gorda. Sarkozy. Le hemos tomado el pelo. Bueno, pues Dios proveerá.

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