El Pino de Navidad

Por lo que conozco de Luís del Pino, que no es mucho, su nombre, vida y trabajo se han ligado al 11-M desde que ocurrió la tragedia. Con la constancia y la paciencia de un miniaturista, ha recopilado las piezas del puzzle, ha catalogado las falsas, las dudosas y las certeras, y ha originado un movimiento, bautizado como los Peones Negros, cuya principal actividad es colaborar en la reconstrucción de dicho puzzle.
El trabajo de Luís del Pino es mensurable a través de libros, guiones televisivos, artículos, su bitácora, tertulias, conferencias, manifestaciones, debates y entrevistas. Nadie sensato puede negarle la categoría de experto, ni nadie con el espíritu abierto para conocer qué ha ocurrido en todos y cada uno de los momentos previos y posteriores del atentado, puede despreciar las conclusiones o las opiniones de Luís del Pino por el mero hecho de cuestionar la versión oficial.
Ni contra Luís del Pino, ni contra quienes le siguen es argumento suficiente arrojarles a la cara el mágico neologismo de la conspiranoia, porque si tal cosa existe, se debe fundamentalmente a la falta de coherencia en la investigación e instrucción del caso.
Viene todo lo anterior a cuento de las gravísimas imputaciones periodísticas que el señor Del Pino realiza con notable desenvoltura y que por fuerza han de causar estupor y zozobra entre sus lectores. Así pues, cuando en su última o penúltima entrega, el señor Del Pino niega que exista negociación alguna entre el Gobierno y ETA, y afirma que sólo se trata de la puesta en escena de los acuerdos adoptados entre las partes antes del 11-M, ninguna gragea tranquilizante es capaz de aliviar el tembleque que sube por la espina dorsal y se instala en el bulbo raquídeo para permanecer allí, en la masa de la sangre.
Del Pino no es una lectura recomendada para una noche de paz como la de hoy, pero es lo que hay. Pónganle ustedes al árbol las bolas que juzguen y reciban los mejores deseos de paz.

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