Trabajar por la paz

Nos han dejado con la duda de saber quién trabaja por la paz. Creíamos que ZP se distinguía en la labor realizando concesiones y limando leyes que las hagan posibles, pero Batasuna, en concreto, Pernando Barrena, ha dicho que ZP no pega palo al agua, vamos, menos que Aznar.
Si tenemos en cuenta que Batasuna no ha movido un dedo por condenar la violencia, ni por contener la furia urbanicida de la kale borroka, ni por evitar los robos de pistolas, ni por cesar en el afán recautadorio del impuesto revolucionario, ¿quién cogorcios trabaja por la paz?
La respuesta es evidente. Por la paz trabajan los de siempre. Como decía Mingote, al cielo vamos a ir los de siempre, es decir, el policía honrado que persigue al delincuente, el político que no se deja engañar con cantos de sirena y el que cumple moderadamente bien con sus obligaciones.
Paseando por las galerías de un museo, por los anaqueles de una biblioteca o tras la contemplación de grandes piedras extraídas, trasladadas, talladas y ensambladas para la construcción de cualquier monumento, el visitante percibe con meridiana claridad quién ha trabajado por la paz en cada época. No es tan difícil distinguirlos.
En el caso que nos ocupa, si el proceso acaba entrando en barrena, como don Pernando, será consecuencia de que ambas partes confundieron la estrategia desde el primer momento. Los unos en la creencia de que era posible rentabilizar un rastro de sangre, y los segundos, convencidos de que los robos se acaban entregándoles las mercancías a los ladrones.
Así las cosas, dentro y fuera de los circuitos etarras, ya nadie se recata a la hora de anunciar la reanudación de las actividades criminales, es decir, la ruptura de la tregua y la vuelta a las andadas. Según Mayor Oreja, todo ello se hará “de una manera que no impida la presencia de los concejalaes de ETA en los ayuntamientos del País Vasco”. Es decir, que alguien sí ha ganado con la tregua.

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