No callar ni bajo el agua

Permítanme una confidencia. Me he quedado sin voz en Rascafría. Me hubiera quedado igual ante las maravillas del Paular, pero no, la causa fue lógicamente el frío de Rascafría que me heló las cuerdas y me las dejó tiesas como palillos chinos. Vaya. Con lo que me gusta rajar. Me han dicho que nada de nada, que no hable en dos días, y de repente me he puesto a hacer gestos ridículos como un agente de movilidad. ¿Cómo que no hable, si no puedo?
Bueno, no importa, leeré la prensa durante la convalecencia. Primer titular: “Sabina llama ridículo al Rey”. ¿No podría quedarse mudo Sabina? Eso de salir al extranjero y dedicarse a largar en contra del jefe del Estado de tu país ya no lo hacen ni los refugiados políticos. Está feo, máxime cuando lo puedes hacer sin moverte de casa y no te mandan los grises. Sabina desafina.
Otro. “La diócesis de Bilbao prepara actos de compromiso con el proceso”. Tampoco estaba nada mal que esos señores que antes llevaban sotana oscura se quedasen mudos un rato. Para no decir lo que tienen que decir están más guapos meditando.
Cambio de tercio. “Alejandro Sanz confiesa un hijo secreto”. La criatura tiene tres años y el periodista dice que el cantante ha sido muy valiente. Sin embargo el titular más exacto sería: “A.S. no reconoce un hijo durante tres años por cobarde”. Ten padre para eso.
Dice un ciclista: “Manolo Saiz nunca me ha incitado a nada”. Hablan de dopaje, no de sexo. Nos alegramos por él, por Manolo y por el ciclismo.
Seguimos con substancias bajo sospecha y leemos: “La ministra Elena Salgado estudia la posibilidad de considerar el vino como “bebida alcohólica peligrosa”. Si es por culpa de ingerir grandes cantidades, la ministra del ramo podría añadir a la lista de peligrosos el agua, la leche y el zumo de limón. ¿Se imaginan lo que es beber 30 litros de cualquiera de estos líquidos?

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