Cosas de novios

Esto se pone peor de lo que parecía. Si la ética estaba tocada en su línea de flotación, a partir de esta semana tampoco albergamos esperanzas de salvar la estética. Y sin estética, ya no te queda ni una bonita foto de recuerdo que enmarcar.
Gracias a don José Antonio Pastor, portavoz del PSE en el Parlamento vasco, sabemos que ETA no se le pone al Gobierno. Vamos, que ni descuelga. Dile que estoy reunida. O lo que es peor, que el Gobierno se rebaja a babear tras ella como cérvido en berrea, sin que la esquiva enamorada le dedique ni un mohín de esperanza. Tal es el poder seductor de la moza, que los gorrinos mueven la colita mientras le comen en la mano. El Supremo ha abierto un camino, le dejan caer a su paso como pañuelo que abra el diálogo. Pues qué bien, qué romántico.
El amor, dicen, son las ansias infinitas de paz; es decir, las infinitas ansias de otros cuatro años de poltrona monclovita.
Hasta ahora, la actitud mendicante del enamorado se deducía de sus escandalosos entreguismos, pero a partir del indisimulado cabreo que provoca la indiscreción de Pastor, ya no se trata de deducciones, sino de evidencias. El Gobierno corretea detrás de ETA y ésta ni siquiera se pone. Nunca se ascendió tanto para caer tan bajo.
Y ya que se han empeñado en hacer de España el primer país que suplica a sus enemigos que acudan al reparto de los despojos, y nada les frena ante el supremo mandato del proceso de paz _ a esta ridiculez le llaman así _, deberían conservar los mínimos gramos de sonrojo para que los ciudadanos no nos sintamos el hazmerreír del mundo. Hagan el dichoso proceso, si tienen legalidad para ello, pero que no nos obliguen a enterarnos de los cuernos por Pastor. Eso es tanto como las confidencias sobre los novios que una vecina lleva a Salsa de Tomate. Que dice la Loli que dice el Chema que la llama para ir a la Bombi en bici y que ella, erre que erre, que no le sale, oye.

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