Largo, duro y empinado

Padre, ¿es lícito y democrático que un alumno de Educación para la Ciudadanía se reúna con Batasuna?
_Hijo mío, podrás reunirte con Batasuna las veces que desees, sin temor al aojamiento, el falso oprobio, o el dolo manifiesto.
_Siendo así, ¿qué diferencia existe entre un partido legalizado y otro que no lo está? ¿Podría explicármelo, padre?
_Las diferencias, en el Interior, por el calor.
_Padre Supremo, ¿debe interpretarse, según su última doctrina, que la Ley de Partidos se ha ido a tomar por el zulo?
_Más o menos, querido hijo, más o menos. Y no me llames Padre Supremo, que me van a confundir con la asignatura de Religión, y esto es Educación para la Ciudadanía.
_Perdón. ¿Podría entonces explicarme cómo es que cuanto mayor se escenifica el acercamiento a Batasuna, mayor es el alejamiento de éstos a las posibilidades de acuerdo, con apelaciones a la violencia que mucho incomodan y cabrean?
_Queridísimo y amantísimo hijo, pareces gilipollas. ¿Acaso desconoces las viejas tácticas de conquista amorosa que consisten en poner tierra de por medio a fin de que cada vez sea mayor el precio de dote o rescate? Muller que escapa, collida quere ser, dice la vieja sentencia gallega. Bueno, pues en este caso, igual.
_Pero, padre; se ha llegado a unas peticiones que para atenderlas será necesario saltarse la ley, la Constitución y la Foz de Lumbier.
_En eso estamos, querido; sin prisas ni pausas. El camino ha de ser largo, duro y empinado, como la etapa de los Lagos de Covadonga, donde comenzó la reconquista. Si lo hacemos largo y pasamos la legislatura sin muertos, a ver quién es el guapo que nos quita lo bailado. El único presidente de la democracia que manda en España cuatro años sin una víctima. Ahí es ná. Si lo hacemos duro, el fracaso estará justificado y el éxito, incrementado. Y si lo hacemos empinado… ¿quién coño dijo que tenía que ser empinado?

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