El puente colgante

En el debate cotidiano, aquél que se desarrolla al margen de las dependencias políticas o de las tertulias periodísticas, aflora cada día con mayor fuerza la preocupación por saber si va a ser posible recuperar la cordura después de ZP, o por el contrario, esto se va a quedar definitivamente trasconejado, cataléptico y en vías de extinción.
Por lo que hemos podido palpar, aunque la pregunta lleva meses planteándose en los citados ámbitos, se intuye una respuesta de tan hondo calado que nadie es capaz de encauzar una hipótesis que se imponga con fundamento sobre las demás, y se habla con largueza de los más variados escenarios que ahora mismo son posibles… _ iba a decir gracias a ZP _, por culpa de ZP, como si el elefante permaneciese todavía en la cacharrería y ningún perito se atreviese a quemarse los dedos en la evaluación de los daños.
Aún así, existe una coincidencia generalizada en considerar que algunos de los factores determinantes pasan por el destino que corran los recursos de inconstitucionalidad presentados contra el Estatuto de Cataluña y por la situación que resulte de la negociación con ETA.
En ambos casos, si la quiebra de la legalidad llegase a consolidarse, sería una rémora política de tal calado para cualquier gobierno posterior, que ni siquiera encontraría resortes legales con los que hacerle frente, a no ser el camino del medio.
Con este nuevo modelo de gobernación que consiste en tender el puente antes de que los pilares estén construidos, se corre el riesgo de que todo se venga abajo antes de alcanzar la otra orilla y anclar el colgante que lo sostenga.
A la vista de la campaña desatada contra el IVA catalán se nos permite sospechar qué tipo de relaciones podrían predominar a partir de ahora entre los españoles, el deterioro internacional de nuestro país y el coste inasumible de tensión y guerra fría.
Para la solución debe apelarse, una vez más, al imperio de la ley y sólo de la ley.

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