El papel todo lo aguanta

Si Galicia va a ser lo que ponga el Estatuto, resulta un completo misterio por qué ningún partido propone incluir un párrafo que diga, más o menos, “Galicia é unha superpotencia histórica de moito carallo”. Ya decimos, más o menos.
No se trata ni de jugar en segunda, ni de jugar en primera. Directamente a la Champions League.
Por lo que se observa en los casos anteriores, estas cosas de las definiciones nacionales no te las conceden ni por el producto interior bruto, ni por el IRPF, ni por haber tenido cuatro reyes de la dinastía carolingia. Todo depende de que se pongan de acuerdo los representantes políticos. Más fácil imposible. Ni siquiera hace falta que el texto resultante esté en consonancia con la Constitución, que es eso lleno de artículos que vamos a celebrar el sexto día del último mes del año, como se escribe en algunos sitios para no decir el 6 de diciembre, que es como lo conocemos todos.
En tales circunstancias también llama poderosamente la atención que en el artículo segundo, inmediatamente detrás de la mención a la superpotencia, no se reconozca que todos los gallegos volamos como gorriones, que nos sabemos el Calepino de atrás hacia delante y que nos duele la cara de ser tan guapos/apas. Por el mismo precio no es cosa de quedarnos en bípedos implumes como el resto de los mortales que no han tenido la inmensa potra de nacer en Galicia.
Se supone que después de comprobar cómo negociaron los anteriores, a los gallegos nos queda mucho camino trillado y no vamos a tirar por la borda tan valiosa experiencia. Lo primero es que venga ZP a decirnos que él apoyará el Estatuto que salga del Parlamento de Galicia. Eso da mucha moral. Después ya lo peinará el presidente con quien haga falta y a la postre será el que salga del Parlamento, con más rapa o menos, pero el que salga.
Aunque no lo crean, nos parecemos mucho a Cataluña. Aquí tampoco gobierna el partido que ganó las elecciones.

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