Salvar los muebles

¿Es lícito criticar a ZP porque Moncloa gaste medio millón de euros en muebles nuevos?
No. La Moncloa debe estar limpia, impoluta y en perfecto estado de revista por si viene algún presidente bananero a vernos. Ahora bien, que sean precisamente 83 millones de las antediluvianas pesetas _ el diluvio ya saben cuándo vino _, suena algo exagerado, salvo que a los muebles les haya atacado de repente la Anobium punctatum, o sea, la carcoma, y se encuentren percudidos. De no ser así, y nada han dicho sobre plagas, estas cosas deben hacerse por etapas. “Sonsoles, de esta legislatura no pasa que cambiemos los muebles del dormitorio”. “¡Hombre, muy bien! ¿Y si pierdes las elecciones?”
Cuando llegó Aznar al palacio, lo primero que hizo fue sustituir los muebles de Patrimonio por los de su casa. Se ve que ni a él ni a Ana les molaban. Por lo tanto es de suponer que se los llevarían consigo y los que ahora pretende jubilar ZP son los mismos que se pasaron dos legislaturas tan ricamente en el guardamuebles.
¿Tan horrorosos son los enseres de Patrimonio que ni un presidente ni otro han podido soportarlos? ¿Cómo fue capaz González de convivir con ellos? ¿Era ésa la razón por la que se escapaba al jardín a cuidar los bonsais? ¿Creó la Bodeguilla para huir de su contemplación? ¿Son las sillas Luis XVI las causantes del síndrome de la Moncloa?
Ésas y otras interrogantes mantienen en vilo el ánimo de los españoles. Ojalá alcancen estos 83 millones de pelas para acabar para siempre con la maldición de los muebles de palacio, un tema que Iker Jiménez aún no ha abordado con la profundidad que se merece, pero que esperamos ver pronto en vías de solución, porque en política, como en tantos otros aspectos de la vida, lo importante es salvar los muebles, aunque se hunda todo lo demás alrededor. Guerra, no, y muebles horripilantes, tampoco.

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