Bombas y bombitas

El Supremo se concede una prórroga de un mes _ tiempo real, 18-E _, antes de contestar si es terrorismo lo que practican las organizaciones Jarrai, Haika y Segi, o es macramé.
La razón argüida para retrasar la respuesta es “la gran complejidad” del caso. En efecto, dilucidar si la quema de cajeros y la bronca urbana es la toma del Palacio de Invierno, o por el contrario, sólo se trata de inocentes algaradas propias de gamberros asilvestrados, no es cuestión que se resuelva a la violeta; no vaya a ser el diablo que por precipitación se postule a los cachorros etarras como niños Plus Ultra.
La prórroga coincide con otra significativa marcha atrás, cual es la exculpación de las herriko tabernas de financiar ETA y de otras implicaciones que apenas hace un año se tenían por evidentes.
Si alguien piensa que éste es el largo y duro camino prometido es posible que esté en lo cierto. Largo, por las prórrogas; duro, porque hay que tragarse los sapos crudos. El pueblo ya sabe que de Montesquieu nos queda lo que a Marilyn Monroe de virginidad. Todo por la paz, que es la nueva orla de entrada en los cuarteles de la Guardia Civil, y parece ser que del Supremo también.
¿Es terrorismo o no lo es? Ni idea. Es una barbaridad, se castiga y punto. Pero como la política ha introducido el perverso dilema sobre la presunta bondad de los actos violentos, aunque sigan siendo delitos, nos quedamos un mes más esperando el santo advenimiento. Vamos a pasar unas Navidades tranquilas y después de Reyes ya veremos cómo pinta Miguel.
Las amenazas a la justicia, el proceso de paz y el expreso de Irún pasaban por allí y el Supremo se ha hecho un lío con la respuesta. Si decide que no hay tal, estará abriendo la puerta al pillaje político y al uso de armas _ ¿qué es un cóctel Molotov? ¿Un botellón pasado de alcohol? _ Si dice que sí, a los chavales les suman 10 años de pena, ETA se cabrea y el Gobierno se va por los pantalones. Mejor, en enero.

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