Orejas de Comisionado

La frase de Peces Barba se había quedado aparcada por otros acontecimientos que le ganaban en urgencia, pero no por ello pierde un ápice su valor como majestuosa contribución a la historia universal de la ignominia.
Se trata de una frase de ésas que nada más escucharla, evoca los elogios que desde siempre se han dispensado al mérito de mantener la boca cerrada, frente a los peligros que supone abrirla para soltar un disparate, bien porque en la sesera no se guardan mayores fundamentos, bien porque se habla con el ánimo alterado. Es mejor callar y parecer tonto, dicen los prudentes, que hablar y demostrarlo fehacientemente.
La razón nos dicta que el señor Peces Barba no es de los que gastaron capirote en la escuela, de modo que cuando ahora reconoce que las críticas de las víctimas le entraban por un oído y le salían por otro, sólo cabe pensar que se encuentra muy cabreado consigo mismo por lo mal que lo ha hecho.
Porque cuando te nombran Alto Comisionado de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo, lo último que se te pasa por la cabeza es que tu gestión va a ser un fracaso sin paliativos, pues es difícil concebir un empleo público donde el cometido vaya tan bien especificado en el título “ …de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo…” Vamos, nada de agricultura, nada de emigrantes o de centrales nucleares, que son fuentes de constantes engorros y quebraderos. Nada de eso. Todo muy sencillo; desgarrador, pero muy sencillo.
Si se abandona la encomienda con el culo a las goteras, si se maldice la hora en que se aceptó el cargo y se insulta a las víctimas que debería apoyar, admitiendo además que se padece una perforación de orejas, sólo puede haber dos explicaciones. O quien le nombró no tenía ninguna intención de apoyar a las víctimas, o el comisionado creyó que tal apoyo consiste en reposar las manos sobre sus cabezas y apretar hacia abajo, mientras ellas protestan a unos tímpanos de entrada y salida.

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