Formas de silencio

En el diccionario de ZP, víctima es aquella persona, viva o muerta, que entorpece el proceso de paz. Por ejemplo, si ahora apareciese una nueva víctima, entorpecería muchísimo el proceso. Las víctimas vivientes, como por ejemplo Ascen y Alberto, los hijos de la familia Becerril, también son una lata e incordian un montón. Lo mejor que se puede hacer con ellos es taparles la boca con un límite de decibelios y así, aunque lloren, se les oirá mucho menos.
Las víctimas estaban bien antes, cuando se iba a los funerales y se pronunciaban frases altisonantes. “Vuestro sacrificio no será inútil” y cosas por el estilo que quedaban muy propias, especialmente cuando víctima y declarante pertenecían al mismo partido y aquello parecía una declaración de intenciones in aeternum.
Hace apenas seis años, los pistoleros decidieron la muerte del exministro socialista Ernest Lluch. Fue el 21 de noviembre de 2000. Dos meses antes, Lluch publica un artículo en el que expone uno de los datos más siniestros del terrorismo etarra, para cuya ocultación también se había utilizado el método de los decibelios, bajo forma de amenazas a quien lo divulgue. Expone Lluch la información en su poder para afirmar que la primera víctima de ETA no había sido el guardia civil Pardines, ni el policía Manzanas, sino una niña de 22 meses de edad, llamada María Begoña Urroz Ibarrola, fallecida en Lasarte el 28 de junio de 1960 a consecuencia de la explosión de una bomba de ETA.
Si el artículo fue o no determinante para acabar con la vida de Lluch, ni resta ni añade gravedad al sarcasmo de estos nuevos tiempos en los que a las víctimas se les aplica la sordina de la cruel hipocresía.
ETA no quiso mirarse nunca en el espejo de María Begoña Urroz. Hasta para ellos era demasiada vesania que una niña encabezase esa lista. Hoy cuenta con poderosos colaboradores para acallar a las víctimas y Lluch no escribe artículos.

Un comentario a “Formas de silencio”

  1. xvbnczm

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