Señora en desazón

Pobrecilla. Una oyente hacía esta mañana una llamada desesperada a su programa de radio. ¡Quería que le dijeran la verdad del 11-M! La mujer se expresó con una gran claridad de ideas, riqueza de vocabulario y correcta estructuración de las frases. Vamos, que era una persona culta, cuerda y currante. Decía estar asustada porque así fuese el medio informativo, así le contaban milongas diferentes y ella no podía vivir con tanta zozobra en el cuerpo. En su justificable ofuscación razonó con los principios de Peter diciendo que eso no podía ser, que no puede haber cien verdades y que se la dijeran cuanto antes porque estaba desesperadita, al borde de un ataque de ansiedad.
No se la dijeron, pero quienes la hayan escuchado, incluidos Casimiro García-Abadillo, Baltasar Garzón, Fernando Mariscal, los tres peritos policiales y los Siete Niños de Écija, comprendieron al instante que 99 de cada cien españoles se identifican con la llamada y se ven reflejados en ella. No pueden existir al mismo tiempo tres peritos falsificadores, un periodista falaz y un juez íntegro, por un lado, y por otro, tres peritos responsables, un periodista íntegro y un juez prevaricador. ¿Cómo saber cuál de los dos grupos es el auténtico?
La señora y los 98 españoles restantes van a tener que esperar. Por el contrario, los seguidores de Luis del Pino y sus Peones Negros apenas han permanecido unas horas en la zozobra. El investigador mantiene que no existe falsedad documental, ya que los peritos no alteraron el informe, sino que lo reimprimieron cuando se les solicitó el original. Los policías lo firmaron nuevamente, pues la copia guardada no lo estaba, y Garzón, aprovechando esa circunstancia, le ha dado un balón de oxígeno al Gobierno para ganar tiempo y para sembrar un poco más de confusionismo.
El objetivo parece haberse cumplido. El turbio asunto lleva camino de eternizarse.

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