García, en forma

Si ustedes se preguntaban por el estado de salud de José María García, ayer se ha podido constatar que está en forma. Lo llevó Buenafuente a su programa y lo llenó casi por completo. Mantiene su estilo de francotirador sin mucho apego por la ortodoxia periodística y con fe absoluta en la subjetividad, lo que le proporciona resultados irregulares, pero siempre llamativos de cara al espectador. Disparó contra casi todo lo que se mueve en política y en los medios de comunicación, con una especial dedicatoria para Jaume Roures, socio de Buenafuente en la Sexta; Luis Herrero y Federico J. Losantos, ex-compañeros suyos; Polanco y Paolo Vasile. Por el contrario, se salvaron con buena nota Manolo Martín Ferrand _ sólo faltaría _, Iñaki Gabilondo, Antonio Herrero, Bernardo Herráez y el propio Buenafuente.
La irrupción del veterano Butanito, azote de chupópteros, abrazafarolas, mafiosos y juntaletras, no tuvo mayor perendengue que la citada constatación de su mejoría y del alicaído panorama mediático. Porque si ha de ser García quien ponga en la noche frases de cierto interés, viveza y frescura, querrá decir que el resto es un muermo amanuense, castrado y, por utilizar su jerga, lameculos, como no se conocía desde los tiempos de Victoriano Fernández Asís, entre otras razones porque al pobre no le quedaba otro remedio.
García, al que nunca le alabamos sus métodos avasalladores, se presentó ayer como un mocito principiante, con punch, gracia y desvergüenza. Produjo sensaciones contradictorias, porque en el fondo García estaba diciendo que ya no podía haber Garcías, y que si a él se le consentía aquel desparpajo era para demostrar que toda regla tiene su excepción. Él lo sabía. Por eso cuando le preguntan sobre su vuelta exige unas condiciones tan difíciles de cumplir que lo mejor fue despacharse a gusto en directo y ver los toros desde la barrera.

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