Idomeneo

Las aventuras de Idomeneo, no han hecho más que empezar. Si existió, fue rey de Creta; si no, un personaje de Homero para la Ilíada, en el caso de que Homero sea algo más que un seudónimo colectivo, o un antólogo de cánticos.
Quien sí existió fue Mozart, que hace de Idomeneo el protagonista de su ópera número 13, de título homónimo. Hasta aquí todo va razonablemente normal. En 2003, Idomeneo se cruza en la vida del dramaturgo alemán Hans Neunfels y de tal encuentro surge una nueva ópera, que es la de Mozart, pero con un final distinto al concebido por el de Salzburgo. Lo sustancial de las variaciones es que la obra acaba ahora con la decapitación de cuatro representantes de la divinidad, Poseidón o Neptuno _ que ya estaba en la Ilíada y en Mozart _, Buda, Jesús y Mahoma, que no lo estaban.
Durante más de un año (2003-04), la ópera de Mozart/Neunfels se representa sin que budistas, cristianos o mahometanos se molesten por las modificaciones introducidas. Pero amigo, llega el 2006, y cuando la Deutsche Oper incluye Idomeneo en su programación de otoño, se dan cuenta de que van a cortarle la cabeza a Mahoma _ los otros tres no les preocupan _, reciben amenazas islamistas y deciden retirarla.
Cuando el Gobierno alemán se entera no duda en calificarlo, a través de su ministro del Interior, de auténtica locura inaceptable, pues la occidentalísima libertad de expresión no debe limitarse por miedo. El ministro comprende que una llamada anónima en nombre del Islam es capaz de cargarse de un plumazo todo lo que Occidente conquista a través del tiempo, guerras, miles de pensadores y miles de muertes. Y claro, se desespera.
El caso nos da para imaginar cuál sería la reacción de su colega español, el señor Rubalcaba. ¿Se lo imaginan abatido, triste y lloroso como Schäeuble, o aplaudiendo el miedo de una sociedad que por no saber, no sabe ya ni lo que es, ni de dónde viene y a dónde va?

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