Los del Libro

Parece ser que Aiman Mazyek, dirigente de la comunidad musulmana de Alemania, sí leyó la intervención completa del Papa y no encontró en ella ningún ataque al Islam. Pero esa precaución de Mazyek no evita que masas de islamistas se lancen contra las iglesias católicas, ni que masas de occidentales se lancen a criticar las palabras de Benedicto XVI. Para evitar ambas reacciones se necesitan tres requisitos que no se cumplen. El primero, desearlo; el segundo, molestarse en la lectura y el tercero, saber interpretarla.
Cuando hay ganas de gresca, la disculpa es lo de menos. Y de eso saben mucho las parejas _ dos personas dos _, que intentan todos los días aprobar la asignatura de la convivencia. Si ha de venir la gresca, la disculpa es lo de menos. Bueno, pues por lo visto, entre las gentes del Libro _ tres religiones tres _, judíos, mahometanos y cristianos, hay más de uno con ansias infinitas de que salten chispas. Y claro, saltan.
En el núcleo del conflicto anida el huevo de la serpiente, que ha sido, es y será la utilización de la violencia, un concepto repugnante para las tres religiones del Libro y sin embargo, al que se apela en primera instancia. Ninguna de las tres está libre para presumir de que jamás echó mano de ella, entre otras razones, porque quien quiera leer los Libros respectivos con voluntad de ver una justificación, se la verá.
En lo que a la actualidad se refiere, da la impresión de que determinados grupos políticos, terroristas o religiosos han elevado la violencia desde la ultima ratio, donde se refugia aletargada a través de los siglos, hasta las primeras instancias, de modo que cualquier brizna en el aire _ ayer una caricatura danesa, y hoy una cita del emperador Manuel II Paleólogo sacada de contexto _, les baste para desencadenar la trifulca al grito de “No somos violentos”.
Si a eso añadimos el complejo de culpabilidad que lastra a Occidente, comprenderemos mejor que alguien, en algún lugar, ha creído que sonó su hora.

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