De sapos y culebras

Son tantos y tan gruesos los sapos a la vista, que se tapan unos a otros, se confunden y disimulan. Es más, alguno ha de entrar en el caldero que sea absolutamente falso, creado en laboratorio con el exclusivo fin de emborronar, de espesar el caldurrio hasta que se haga masa y nadie distinga los garbanzos de los reptiles.
Julen Madariaga, fundador de ETA, abogado, fabricante de armas, crítico con la organización, disidente y dirigente de Aralar, acaba de dar por buena la sospecha de que ZP ya había lanzado a los etarras la escala de la negociación antes del 11-M, antes de las elecciones, antes de ser presidente del Gobierno y en plena vigencia, o eso creíamos, del Pacto Antiterrorista.
Vienen a cuento los sapos a que a esa información, que de momento desmiente el apagafuegos López Garrido, podría ser recibida con indiferencia, o incluso con cierto orgullo pacifista, habida cuenta de ¡qué más da! si ya está anunciado el diálogo, si ya han pasado las elecciones, si ya es presidente…
No hay ninguna razón por la que Madariaga merezca mayor crédito que López Garrido, salvo la abundancia de sapos y la creciente tendencia a ser descreídos hasta con las recetas de cocina… añádase un chorrito de aceite… ¡Je! ¡Ya serán dos!
ZP es un personaje convencido de que está llamado para grandes hazañas. Seguramente ha leído varias biografías encomiásticas de Napoleón o de Alejandro Magno y no las ha digerido. Lo suyo es no pararse en barras, así caigan en el camino leyes y constituciones, como haría un jugador de ventaja en mesa de pardillos.
Ese rastro pesa a favor de Madariaga, que por supuesto, también mueve sus cartas sin que nadie le obligue a descubrirlas. Juego de pillos y taimados en el que perderá quien se meta apelando al reglamento, porque el reglamento, señores, se escribe al paso.

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