La zozobra nacional

El paisaje se nubla de oscuros personajes que dicen estar en el ajo, en la pomada y en el conocimiento de las cosas. Se habla de Sánchez Manzano, de Suárez Trashorras y de Manolón como artífices del primer golpe de estado que no lo parecía. Ni con lo que se dice, ni con lo que se intuye da para alcanzar un mínimo de lógica sobre lo que pasó y sobre lo que está pasando. La gente lo pregunta angustiada porque quiere deshacerse de sus temores, que siempre son más grandes cuanto mayor es el desconocimiento.
El Gobierno admite participar de las mismas dudas y ha rebajado a cero el absoluto convencimiento de hace meses, cuando todo se reducía a unos moritos desalmados, mártires de extraños fanatismos, después de haberse llevado por delante las vidas de 191 inocentes que viajaban en trenes de cercanías.
En cualquier caso, aquello no fue sólo un golpe de estado, ni sólo un atentado. Aquello fue un golpe al corazón de todos los que lo tienen que cambió la forma de mirar, agrió humores y encabritó al calmo.
Claro que deseamos saber, y no me digan que ustedes son los primeros interesados porque lo único que se les reconoce hasta ahora han sido las dificultades y los desprecios contra quienes querían apurar las dudas para hacerlas trizas. Dirán que fue una administración del tempus, o que sus datos también estaban manipulados como la mochila. Sabe Cristo lo que dirán, pues desde aquellos días venimos oyendo frases sin reparo, que el papel lo aguanta todo y los micrófonos también.
Y si fueran pocos los cencerros que suenan desde el pasado, es otro zampabollos el que grita hacia el futuro. Tenemos al Estado español en nuestras manos, dice Txeroki enardecido. ZP es más vulnerable que Aznar, anima a sus fieles el ayatolah.
Desde luego no es extraño que lo diga. Cualquiera lo haría con este panorama.

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