On parle français

En la ciudad belga de Merchtem están llevando a cabo una política singular. Su ayuntamiento ha prohibido que se hable francés en los ámbitos de su competencia y en algunos que no lo son, también.
Por ejemplo, han prohibido que en el mercado existan otros carteles informativos que no sean los redactados en flamenco, o sea, en holandés. Esa brillante medida a favor del entendimiento se la han tenido que envainar porque, a fuer de su inconstitucionalidad, les quedaba lejos de su ordeno y mando.
Pero han vuelto a las andadas y ahora, por lo que se ve, en ámbitos donde sí pueden mangonear a pesar de ser mucho más peligrosos que el mercado, como es la escuela pública. Ni en las aulas, ni en las reuniones de padres, ni siquiera en el recreo puede oírse una sola palabra francesa, so pena de castigos e incluso de la expulsión.
Aunque el padre y el profesor sepan francés y puedan entenderse en esa lengua, las consultas deberán realizarse en flamenco, a través de un intérprete. Los políticos que practican la censura idiomática como estrategia para defender el flamenco, llegaron a dudar de la capacidad mental de los francófonos por no avenirse a su lengua. Maravillas del hombre moderno y espabilado que presume de inteligencia aunque se comporte como un zote. Prohibir, decían los clásicos, es el refugio donde se esconden los incompetentes, y seguramente nunca pensaron que esa máxima iba a aplicarse en un caso de tamaña bajeza.
Pero si valones y flamencos se aficionan a entender así el bilingüismo, no se pierdan de vista lo que algunas de nuestras lumbreras estarán pensando prohibir por estos lares después de conocer la noticia belga.
¡Qué emoción! ¡Poder prohibir una lengua entera y que no te cuelguen en la plaza pública! La Escuela de Traductores de Toledo, convertida en la Escuela de Destructores de Merchtem, todo un avance de la humanidad.

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