La foto de Teherán

Ahmadineyad es un señor que sale todos los días a la calle con un enorme cartel que pone: “Sí a la guerra”. Sus conocimientos políticos no le dan para más; lo que ha visto o leído, tampoco. El entorno donde se mueve le habla de guerra y a la guerra dedica sus más queridas acciones de gobierno.
Por eso se quiere armar con lo que considera la quintaesencia del poder destructivo y está dando todos los pasos precisos para conseguirla. En eso que la ONU establece un plazo para que Irán suspenda sus actividades en orden a enriquecer el uranio, y que de lo contrario se dictarán sanciones contra el régimen.
Llega el fin del plazo, Ahmadineyad dice que no se apea de su programa nuclear y resulta que los miembros de mayor peso en la ONU, excepto uno, se manifiestan poco o nada partidarios de imponer castigos al amenazado.
La pregunta es, ¿esto de la ONU, lo hacen para ganar tiempo, o para perderlo?
Como quiera que al filo del plazo, Ahmadineyad ha recibido a un expresidente español que dicen que lleva el visto bueno del actual en ejercicio, la cosa se pone todavía más cruda _ nunca mejor dicho cuando se trata de un país productor de petróleo _, pues los españoles ya no sabemos si hay que estar con la ONU, o con Ahmadineyad; si nos preside González o ZP; si hay que salir con la pancarta del “Sí a la guerra”, o recuperar los trapos de cuando Aznar se hacía la foto de las Azores.
Ahora la foto es en Teherán y sus protagonistas salen mucho más desdibujados. A un lado Ahmadineyad, con pintas de cura progre en una parroquia obrera. Al otro, González, a la remanguillé, con la chaqueta de los mítines del domingo y unos cuantos kilos de más.
¿Hablaron de la ONU y de sus tonterías? ¿De la Alianza de las Civilizaciones y su relación con la bomba atómica?
No se sabe. Esto es un sinvivir.

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