El olvido

Una de dos, o ZP se dejó olvidado el Código del Buen Gobierno en la Mareta, o al ejemplar que usa a diario le han arrancado algunas páginas. Sus más allegados colaboradores deberían subsanar la deficiencia, sea cual sea su causa, porque al presidente se le empieza a notar demasiado que lo suyo no es exclusivamente un problema de falta de fe, sino de falta de ética, de moral, de educación y de otras virtudes de las que habrá oído hablar porque salen en el diccionario.
Lo de los avioncitos, piscinas y patrulleras en asuntos relacionados con Sonsoles empieza a ser mosqueante. A Carmen Polo le llamaban la Collares por menos motivos de los que ya ha acumulado la señora Rodríguez para que le llamen la Bombonas, o tontería semejante.
Al ciudadano cabal le parece de perlas que Sonsoles se sumerja hasta los 11.000 metros de la fosa de las Marianas, o que gorgorice como los propios ángeles en los más afamados coros del canoro mundo, siempre y cuando para ello no sea necesario movilizar a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, ni que se convoque a un batallón aéreo. ¿Cuántos hombres componen un batallón? No me lo pregunten, que no soy periodista del ramo.
Algo debe decir también el Código del Gobierno Pistonudo sobre el mantenimiento de la palabra dada, sobre todo desde que existen las hemerotecas. Sí, ya sabemos que queda muy fino decir hace tres años que “un Gobierno presidido por mí no tendrá ministros que se presenten de candidatos en las comunidades autónomas”, y después, a las primeras de recambios soltar uno para Cataluña y preparar otro para Canarias. Tal como están hoy las bajuras políticas, nadie le iba a replicar que así lo hiciese, ¡pero, alma de cántaro… ya que lo dice!
Todo se debe a un despiste. Que miren bien en la Mareta, que en algún lugar ha de estar el dichoso Código.

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