De pajas y vigas

El abad de Montserrat no escucha la COPE, pero la pone a parir por lo que le cuentan. Esperemos que no siga el mismo método con el Evangelio, ni diga la misa de oídas. Es broma. Yo creo que sí la escucha en la soledad de su celda, de la misma forma que Bin Laden abre el desplegable de Playboy en la soledad de su covacha, según nos ilustra la mujer que dice haber sido su esclava sexual durante una temporada.
Cualquier día nos enteraremos que Carod lee con fruición a Pérez Reverte sin traducir y que ZP devora los discursos de Canovas en el Ateneo. Yo no, yo sólo veo los documentales de la 2 y los ciclos de teatro kabuki japonés.
Pero volvamos al abad, que se nos ha revelado como el Pepito Grillo de la Conferencia Episcopal, el Prisciliano de la Regla de san Benito, y el apóstol de los nacionalismoscatolicismos frente al caduco nacionalcatolicismo a secas. El abad les indica a los obispos que no pueden ser como son y que se fijen en él, que es como es, todo lo cual nos lleva a pensar que los fieles van a ser como les venga en gana, que es mucho más cómodo y llevadero.
No cabe duda de que el abad es un cristiano peculiar que ve la paja en el ojo propio y se despista de la viga en el ajeno. Si el peligro para la convivencia de los españoles radica en los contenidos de la COPE y en que Jiménez Losantos se despierte suelto de lengua día sí y día también, esto tendría que ser el paraíso terrenal con el tomate de Jorge Javier Vázquez en sustitución de la manzana. Los cayucos, el 11-M, los etarras, las flagrantes ilegalidades y el resto de acontecimientos de varia especie que acontecen en la rúa, no cuentan para el abad. Sólo la emisora. Y eso que no la oye.
A Franco le pasaba algo parecido con Mundo Obrero; tampoco lo leía, pero le adjudicaba toda suerte de culpas en sus desdichas interiores. Y es que lo más fácil siempre ha sido matar al mensajero.

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