No hay derecho

A lo largo de una tertulia con los mismos componentes constato lo que podría llamarse el síndrome de la respuesta contraria, y me explico.
Escojamos un tema de actualidad como puede ser la vigilancia y protección oficial sobre los bienes y las personas. Se comenta el caso de la niña austríaca secuestrada durante ocho años y se dictamina que no te puedes fiar de la policía ni en una capital tan pintiparada como Viena, donde no ha sido posible impedir un secuestro asaz prolongado y terrorífico.
De ahí se pasa a la seguridad en los aeropuertos y se concluye que hay una malsana obsesión con el terrorismo que hace muy incómodos los desplazamientos.
Ahora se habla de los robos en los chalets y el diagnóstico vuelve a culpar a la escasas dotaciones y a las insuficientes medidas de control. Nadie advierte que a cada paso se están exponiendo ideas contradictorias apoyadas en sesudas reflexiones de signo opuesto.
Le toca el turno al tráfico y entonces es cuando el despiporre alcanza las más altas cuotas de gloria. El arranque es de lo más comedido, criticando que determinados colectivos puedan circular alegremente sin carnet, ITV, ni seguros; que se realicen carreras ilegales y que algunos conductores se pongan al volante con la última cosecha de Ribera del Duero ocupándole una barrica llamada estómago.
De repente, como si el grupo hubiese ingerido la pócima que transforma al doctor Jekyll en mister Hyde, cada cual comienza a despotricar contra la Guardia Civil y sus controles, contra la exigencia de los papeles reglamentarios, el soplo por el tubito y el resto de formalidades que estos señores suelen llevan a cabo cuando están de servicio. “No hay derecho” se repite varias veces como suprema cantinela. Todos de acuerdo. Este mundo es muy malo de gobernar.

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