El voto futuro

Al proceso de paz, rendición o merecumbé le pasa algo. A la memoria histórica, también. El reparto de los sin papeles levanta sarpullidos. La alianza de las civilizaciones está un poco chuchurría y la ley Antitabaco entrará sin moratoria a partir del 1 de noviembre. Con lo del Líbano colgando, los incendios gallegos en el Parlamento, la crisis de Montilla, las elecciones catalanas y cuatro cosillas más se perfila el panorama de lo que antaño se denominaba la rentrée política de septiembre, una cursilería como otra cualquiera que importaba de Francia lo que para ellos es el auténtico inicio del año administrativo.
De aquí al próximo agosto se van a vivir las elecciones locales en las que el Gobierno pretende estrenar el concepto de “ciudadanía iberoamericana”, algo así como la carta de naturaleza política para inmigrantes latinos residentes en España y para españoles establecidos en los países de Sudamérica con los que sea factible establecer acuerdos.
Los mal pensantes creen que la iniciativa no busca tanto el propio reconocimiento del derecho, como las ventajas que el partido en el Gobierno iba a obtener, presuponiendo que la dirección de ese voto les sería favorable. El PP no parece temer que sea así, tanto por haber defendido ya esa posibilidad, como por expresar ahora su apoyo a la medida.
En el caso de que finalmente sea muy numeroso el nuevo colectivo de votantes, las elecciones de 2007 van a suponer la primera muestra política de cómo piensa la España receptora de inmigración.
Este idílico panorama se ve alterado cuando se denuncia que el reparto de los recién llegados se realiza con especial profusión en las comunidades o localidades con gobierno de los populares, y el mal pensante se pregunta ahora si esto es así por puñetera casualidad, para desequilibrarle los servicios al adversario, o para preparar una masa votante que en el futuro les sea favorable. ¿Cuál será la auténtica razón?

Un comentario a “El voto futuro”

  1. LUZ

    RANDOM

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