A vueltas con el 36

Para rebatir a quienes sostienen que la ley del Alzheimer Histórico, ésa que nos deja ZP para que no nos aburramos durante su ausencia, no es ecuánime, basta fijarse en lo dispuesto sobre la retirada de símbolos y monumentos. Al hablar de un asunto tan delicado como el de las placas públicas, el legislador ha reunido una exquisita prudencia con una notable sensibilidad para determinar que sólo deben ser pasados por la piedra aquéllas que exalten a una de las dos partes contendientes en la guerra.
Es decir, ni los Miajas, ni los Molas; ni los Azañas, ni los Francos son dignos de figurar en el callejero por el mero hecho de haber vivido determinados años de la historia de España. Ahora bien, como la mayoría de los homenajes viales se produjeron en época de los vencedores, son mayoría los de este bando que deben ser eliminados. Pero también lo serán por esa regla de tres todos los que en estos últimos años hayan subido al parnaso onomástico, y me acuerdo ahora de la entrañable guerrilleira Enriqueta Otero, que se verá afectada por la ley a poco que se aplique sin distingos, pues es bien sabido que Enriqueta favoreció a uno de los bandos y no al otro.
La eliminación de símbolos es una extraña manera de recuperar la memoria histórica, pero todo se daría por bueno si el fin último fuese superar, apuntalar y consolidar los niveles de concordia conseguidos en el 78, un objetivo que cada día parece más alejado de las intenciones de un Gobierno que se empeña en repetir la fórmula de buenos y malos, ya sea para catalogar a los españoles, ya para diseñar su política internacional.
Dicen que lo hace para aislar al PP. Algo así nos temíamos, la democracia entendida como dictadura enmascarada, muy al gusto de sus interlocutores internacionales. Ya veremos cómo se recompone todo esto, porque el deterioro es de los que dejan cerquillo.

Un comentario a “A vueltas con el 36”

  1. xcmbznv

    prophalytic use of indocin in prematures ,

Comenta