De compras

El presidente se contuvo después de ver a Txapote dando coces en la cristalera, y así, todo contenido, sin ápice de ira en sus carnes mortales, anunció a Sonsoles y a las niñas que se iban de tiendas a Londres, porque los malos tragos se pasan antes dándole al cuerpo una buena panzada de compras compulsivas, sin contención de ningún tipo. O eso oyó contar a un psicólogo de modernas patologías ciudadanas.
Aunque no se lo crean, ZP no actúa ni corto, ni perezoso. Ordena diligente que se prepare la tripulación del Airbús 310 y todos juntos se van volando a los almacenes Harrod, que es lo más pocholo que tiene la capital inglesa, muy por encima de la National Gallery o el British Museum.
Es decir, en una sola operación ZP ha conseguido una amplia gama de presuntas irregularidades y burlas a su Ley del Buen Gobierno; por ejemplo, despilfarro de gasto, horterada de gesto, desprecio del comercio español, fomento del consumismo entre menores, aculturización y algunas cosillas más relacionadas con la utilización indebida de aeronaves pertenecientes a las Fuerzas Armadas. Poca cosa, si tenemos en cuenta las múltiples necesidades que exige a la familia RZ la inminencia del mes de agosto: cofias para las camareras, gorros para los cocineros y bikinis para las niñas. Nada como Harrods para satisfacerlas con todas las garantías.
Precisamente dicen en Londres, no en Harrods, sino en el Times, que ZP es un “encantador cuyas habilidades a la hora de estrechar la mano y presentarse son tan pronunciadas que sus oponentes insisten en que es la personificación de una española interpretación sin sustancia”. Y ahí sí que no estamos de acuerdo. Sustancia tiene toda la que se requiere para una buena sopa. De hecho esta columna se nutre de ZP desde hace dos años y nunca ha faltado un solo día sin que al presidente se le olvidase aportar su granito de sustancia.

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