La paz en proceso

Algo se ha debido perder en el camino que existe entre las expresiones “proceso de paz” y “no hay terrorismo”, porque si no, no se entiende. Ambos conceptos son gratos al Gobierno, que los repite gustoso hasta cuando habla de la sequía, verbigracia: “Dentro del proceso de paz, a lo mejor hay cortes de agua en octubre”. O también: “El Mundial de Fútbol se celebra en paralelo al proceso de paz”. O cuando se les llama por teléfono: “El presidente no se puede poner porque está en proceso de paz”. Pues muy bien, que la procesen cuanto antes y hacemos un desfile llevando los claveles calados en las parabellum Castellana abajo.
Ocurre que ahora se añade esa otra consigna que reza así: “No se me manifiesten contra el terrorismo, porque ya no hay terrorismo”. Hombre, pues una de dos, puesto que si de verdad no lo hay, ¿a qué viene lo del proceso y lo de la paz?
Que la manifestación de las víctimas no cuenta con las simpatías del Gobierno no supone ninguna novedad. El derecho de manifestación estaba pensado para que lo usase la izquierda, pero eso de que se junten multitudes contra un presidente socialista es antinatural. La de cosas que les han dicho a los peripatéticos de la AVT. Desde ser contados con exactitud cartesiana _ dice la Delegación del Gobierno que hubo 242.923 personas _, hasta ser llamados derecha nostálgica, manipulados, o como dice Otegi, manifiestamente incapacitados para razonar. Quienes así hablan no dudarían en quemar la obra completa de Valle-Inclán por sus simpatías carlistas.
Estamos inmersos en un proceso de paz dentro de un país en el que no hay terrorismo. Suena lo mismo que la invasión de un territorio en el que no hay armas de destrucción masiva. ¿Será que cuando llegas al poder te inoculan un microbio que va devorándote las neuronas poco a poco y a las dos horas eres capaz de decir lo contrario de lo que has dicho?

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