Vista atrás

La ganadora y sus méritos

Es sábado de agosto. En los alrededores se celebra la Maruxaina, una fiesta laica de pescadores. Hace calor y la gente tiene el cuerpo de jota. Todo es propicio para hablar del culo de Jennifer López y del resto de elegidas, por no sabemos quién, “os mellores cús do mundo”.

Cuando lees algo así experimentas tres procesos cerebrales concatenados. Primero te asombras ante el ímprobo trabajo que tuvieron que arrostrar los miembros del jurado. No ha de ser menudo el trajín previo al fallo, mirando éste, midiendo este otro, buscándole las mínimas imperfecciones al de más allá.

_Lo siento señorita, lo tiene salido.

_¿Salido? ¡Pero si es respingón!

No me gustaría verme en el compromiso de dilucidar sobre asunto tan delicado. ¡Con la de mujeres que hay por el mundo y casi todas con uno detrás!

Una vez salvada la impresión sobre las dificultades de la empresa, reparas en la ganadora y reflexionas sobre las inconmensurables excelencias que sin duda han de adornar el tafanario de doña Jenni. Hasta sopas se han de degustar con agrado para que los traserólogos hayan depositado en él todas sus complacencias. Y además llamándose López, que es tan de la tierra.

Por último, piensas en el Instituto de la Mujer y en el mal trago que han de estar pasando en estos momentos sus dirigentes. Años y años de lucha contra la mujer objeto, y cuando menos lo esperas, ¡zas! ¡el ranking de los culos!

Estas listas tendrían que estar prohibidas, como los toros, los concursos de misses y los melones tirados en un melonar. Así no hay manera de refinar a la gente. Mira tú en qué se van a fijar estos tíos. Se ve que el género humano no da para más. Se ha ido a la luna, se ha resuelto el teorema de Fermat, pero al final siempre volvemos al mono. Y a la mona.

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