El holocausto en cómic

Mira tú por dónde a los nazionalsocialistas les ha nacido un valedor ante la historia… en Irán. Después de rumiarlo unos cuantos días, un periódico ultraderechista ha decidido que la mejor respuesta al concurso de caricaturas sobre Mahoma es convocar otro para ridiculizar el holocausto judío, como diciendo, se van a enterar ustedes de lo que es una broma.
Dentro de la cruel caricatura con que se dibuja la actualidad, la iniciativa del diario iraní tiene aspectos muy saludables. Por ejemplo, no incita a sus lectores para que invadan embajadas, sino para que compren plumillas y tinta china. No los adormece con fanáticas letanías, sino que los anima a que se estrujen las meninges y hagan un ejercicio de humor, algo que se nos antoja muy provechoso para relativizar las ideas en cualquier parte del mundo.
El resultado del concurso puede ser una magnífica muestra de humor negro, de humor liberador, sublime y elevado, como lo define uno de sus más famosos antólogos, el francés André Breton. No es de imaginar que la comunidad judía, ni mucho menos el resto de occidentales, se lancen contra las embajadas árabes al conocer el resultado del concurso por muy hirientes que sean las viñetas, ni por muy guapo que salga en ellas Hitler.
Es una locura sin sentido, una absurda venganza, pensarán algunos. Quizás, pero si con las locuras somos capaces de crear, y no de destruir, se habrá rendido homenaje a la porción espiritual del hombre, en detrimento de la bestia. Por eso, y sólo por eso, la convocatoria del concurso iraní se presenta como una de las mejores noticias surgidas en los últimos años de aquel entorno. Quien sabe si tras ese certamen convocan otro para premiar el mejor cómic sobre las andanzas de los ayatollahs y poco a poco comprueban que hay mil ángulos desde los que observar a la mónada primigenia, aunque ésta, por mucho que la vistan, mónada se quede.

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