Sí les interesa

Dice una encuesta que a los jóvenes no les interesa la política. ¿Qué ocurre? Se han metido dentro, la han estudiado y ahora concluyen que no, que no les gusta y que pasan mogollón. O será por el contrario que le han echado un vistazo por encima y le hacen ascos.
Para empezar, la pregunta está mal empleada. La política es como la merluza. No hay que preguntarse si interesa o no. Está ahí, hay que comerla y punto. ¿Se imaginan esta otra encuesta? “A los niños no les interesa la merluza” Bueno, pues muy bien. Se la van a comer igual, porque lo realmente preocupante sería que no hubiese merluza.
Por otra parte es muy posible que a ninguno de los amables lectores de esta columna les interese especialmente la política, ni el código deontológico de los protésicos dentales, pero sabrán al menos que hay que vivir y organizarse, porque intuyen de antiguo que eso de plantearse el mundo ad libitum, que significa a voluntad, sólo puede originar caos y gamberradas.
Los jóvenes a los que se refiere la encuesta quieren decir que no contemos con ellos para dar el callo, pero que la sopa siga estando todos los días sobre la mesa, calentita y con tropezones; sin percatarse todavía, pobrecillos, que eso y nada más que eso es la política, es decir, que haya sopa y ricas pastas al menos dos veces por jornada.
Si la encuesta les preguntase al estilo Rajoy: “¿Considera conveniente que en su mesa aparezcan todos los días cuatro platos de sabrosa comida?” es casi seguro que el porcentaje de síes sería abrumador sobre el de noes. Vamos, me juego el cuello. Bueno, pues entonces traslademos esos resultados a la pregunta “¿Le interesa la política?” y se obtendrá una visión sociológica un poco más realista. Claro que los jóvenes, si realmente son todavía muy jóvenes y tienen la suerte de vivir bajo techo, a lo mejor creen que la sopa boba es un derecho inalienable del hombre que corresponde dar al estado, un edificio donde trabajan… ¡los políticos!

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