Gracias a M. Milá

Al azar, o a la necesidad, debemos que la emisión del extraordinario documento periodístico conseguido por Mercedes Milá en Azkoitia se produzca el mismo día en que Conde Pumpido se deshace de Fungairiño y prepara lo que nadie duda en calificar como la escenificación del futuro entreguismo.
El reportaje de MM es extraordinario por novedoso, por valiente y por esclarecedor, al menos para quienes no convivimos con los vicios que presiden la vida política en la sociedad vasca. Por boca de los asesinos de Ramón Baglietto, hoy reinsertados tras su condena, conocemos un poco mejor el grado de alienación que padecen los jóvenes obligados a crecer en un ambiente de permanente hostilidad y confrontación, cuyos únicos agentes, promotores e ideólogos son los que forman el llamado entorno etarra, sabedores de que sólo manteniendo ese ambiente de violencia pueden generar a la larga individuos convencidos de que su misión en esta vida es descerrajar dos disparos en la cabeza de un paisano que sin duda alberga un sentimiento vasquista mucho más desarrollado que el suyo.
Concretamente, el testimonio robado a Kándido Azpiazu por el periodista de MM es tan ilustrativo en el terreno psicológico como una radiografía para un traumatólogo. No hay razonamientos, ni conocimiento, ni, como él mismo dice, moral o conciencia. Sólo una idea obsesiva ocupa sus entendederas anulando por completo su capacidad de análisis. Por momentos daba la sensación de estar escuchando a un kamikaze japonés o a un fanático suicida islamista, individuos anulados en sus capacidades de raciocinio, programados para destruir e incapaces de padecer ante el sufrimiento ajeno; en definitiva, carne de psiquiatras.
Pues bien, el Gobierno quiere ponerse al nivel de quienes manejan tan malévolo plan y para ello considera que les molesta Fungairiño.

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