Mozart

En el ideal masónico figuran aspiraciones muy complejas, pero destacan como básicas en el común de las logias, la libertad, la hermandad, el conocimiento, la solidaridad y la abolición de las fronteras políticas. Cierto que al ser ideas de profundísimo calado, todas ellas admiten interpretaciones dispares, y así la libertad en boca de unos no expresa el mismo concepto que en labios de otros. Incluso al clamar por el conocimiento se pueden estar reivindicando dos o más objetivos distintos. Siendo masón, o siendo ciudadano sin iniciar en ninguna triste tenida.
Una interpretación de la libertad es permitir que las sociedades se agrupen en territorios más pequeños y que en ellos se creen instituciones políticas de igual rango al que antes pertenecían para que mantengan con ellas relaciones de bilateralidad; pero esa actitud daña a la fraternidad y crea nuevas fronteras políticas. Por otra parte, si no se permite, se perjudica la libertad. Menudo dilema.
Ítem más. La libertad de promover hábitos, culturas o lenguas que se consideran el conocimiento, puede perjudicar los hábitos, culturas o lenguas de otros, si aquél se impone con visos de dogma con obligaciones y prohibiciones al viejo estilo monocultural.
Con la solidaridad pasa algo parecido, quizás porque no es lo mismo pregonarla, que ofrecerla o recibirla, ya que unos consideran solidario lo que otros interpretan como injusto.
En cualquier caso, el ideario masónico tiene ínfulas universales en sus planteamientos e internacionalistas en su práctica. Por esa razón, y a la espera de que nuevos datos demuestren lo contrario, los últimos vientos que soplan en la política española tienen poco de masones, por mucho que se celebre el 250 aniversario de Wolfang Amadeus Mozart, sublime miembro de la masonería y símbolo de la libertad creativa aun dentro de los rígidos parámetros de la música.
Quienes aborrezcan la masonería pueden dormir tranquilos.

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