Verde que te quiero verde

Un día tendrán que explicar por qué extrañas razones alguien nacido en Vilagarcía de Arousa, recriado en Cataluña y con un refrito de textos de Lorca en cartel, cree que queda de lo más molón proclamar en una entrevista televisiva “que se vaya a la mierda la puta España”, aderezada con otras de similar jaez y hondura sobre la necesidad de que hagan explosión los atributos sexuales de varios congéneres, compatriotas suyos por mucho que le pese a Pepe Rubianes, que es el boquimuelle boquiblando al que nos referimos.
Es posible que las causas vengan de una deficiente educación no corregida con las dosis de humildad que hacen sabio al ignorante y filósofo al que le basta la observación y la meditación para acceder al conocimiento. O será tal vez un complejo de inferioridad sólo disimulado por el desparpajo preciso para subir a un escenario y recitar frases de hermosa factura y engarce, que mientras estén escritas por Lorca todo va bien, pero que se desmoronan como un espejismo cuando es el actor quien las crea. O estaremos ante un cómico abducido por su personaje de Makinavaja, el Último Choriso, flor de la inteletualidá y espejo donde todos debemos mirarnos. Será por el contrario un pedante complejo de superioridad por aquello de haber nacido no lejos de donde lo hizo Valle-Inclán, que a su vez confunde estólido con esperpento, y Maki con Max Estrella.
Sea lo que sea, el chico la cagó sin remisión. Su anhelado pase a la historia del arte dramático va a encontrar serios obstáculos, pues de lo contrario se abriría mucho la mano y entrarían por mesnadas al parnaso.
Quien también se lució a gusto fue el medio, soporte o lanzadera desde el cual se materializó la deposición, o sea, la Tv3 catalana. Y eso que han creado un organismo para depurar contenidos audiovisuales. Acaso sus rectores comparten las tesis del gallego y están encantados de contar todas las tardes con invitados tan sueltos de tripa.

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