Frágil a conciencia

A los papeles de Salamanca sólo les falta que los pare la Guardia Civil y los multe por exceso de velocidad para culminar con pleno éxito su disparatada peripecia. Ahora están detenidos, pero si se vuelven a poner en marcha, que organicen un convoy de transporte especial: “Llevamos los papeles. Carga peligrosa”.
Admitido que la unidad archivística no es argumento de peso que impida desperdigar los documentos y admitida también la portentosa utilidad de las fotocopias, si la justicia no encontrase inconvenientes para el traslado, éste podría haberse despachado con un suelto de tres líneas en la sección de Cultura: “Documentación de Salamanca también podrá ser consultada en Barcelona”. Estupendo, mira qué bien se llevan estos españoles, dirían en el extranjero en vez de poner los ojos a cuadros al ver la que se está montando setenta años después.
Cuando se encontró el Mitra tauróctono de Cabra se ordenó realizar tres copias y romper el molde. La escultura original se fue al museo de Córdoba, una copia quedó en el museo local, otra se reservó para exposiciones itinerantes y una tercera se la merendó el mecenas político de la operación, que casualmente era el egabrense Solís. Quizás no fue la solución ideal, pero se intentó contentar a todos, incluido al preboste.
En el caso presente lo más notable han sido las ansias de venganza, ofensa y prepotencia demostradas desde el primer momento con la utilización de términos como devolución, incautación y expolio relacionados con el pasado para justificarlos de nuevo en el presente. Como antes se decía, no se han guardado las formas y el ratón ya está hecho todo un señor elefante. Pueden dormir satisfechos la ministra y quienes colaboraron para lograrlo. Si el traslado se calificó en algún momento como un tema delicado, hoy es el paradigma de la fragilidad. Y lo que te rondaré, morena, porque nada ayudar a pensar que el elefante haya parado de crecer.

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