El Lado Oscuro

En una semana han pasado del ordenador, los petas, la absenta y la musiquita, a una prisión cuyos internos les han partido la boca y pelado al cero. En el medio, una mendiga golpeada, quemada y muerta. No fue la primera en conocer las extrañas diversiones de aquellos tres precoces bebedores de absenta, uno de los cuales era conocido con el premonitorio apodo de Vader, el señor del Lado Oscuro. Es Navidad y hace frío.
Cuando estás a punto de pensar que esos desgraciados han hecho méritos más que suficientes para que ése sea el comienzo de su largo castigo, algo te dice que su historia, como la de cualquier otro joven frustrado, también pudo haber sido muy distinta si en su entorno hubiesen encontrado menos presencia del Lado Oscuro como resulta evidente que así fue, convirtiendo a un posible Anakin en la personificación del mal.
Decía una mujer encuestada sobre este suceso que los tres muchachos eran algo más que unos simples gamberros, porque en su naturaleza se había inoculado un germen maléfico. Admitamos por un momento que existen esas diferencias entre el que destroza sesenta bombillas públicas en una noche y el que incinera menesterosos. Admitamos que al primero sólo le falta un barniz para ser plenamente humano y al segundo hay que operarlo para extirparle la semilla del diablo. ¿Podríamos conformarnos con ese diagnóstico sin reconocer que en ambos casos lo que estos muchachos se encontraron en su sociedad no era lo más oportuno para mantenerse en el bando del bien?
La reflexión no es inútil ni exagerada. Enseguida ha saltado otro caso en Málaga y la policía sabe que estos adolescentes atraídos por la violencia en estado puro abundan, aunque su presencia en los medios sólo se produzca en casos extremos. Alguien está fabricando chicos malos y quizás está consiguiendo que nunca antes fuesen tan chicos y tan malos.

Comenta