El espectáculo

Siendo grave la torpeza lenguaraz de Moratinos, mayor gravedad encierra su mantenimiento en el Gobierno, pues de él se deduce que todo el ejecutivo aprueba, comparte y aplaude la manera de entender la diplomacia de este caballerete que ha logrado poner de acuerdo en su contra a celtas e íberos.

Todo hay que decirlo: se nos informa sotto voce que algunos miembros del ejecutivo no tuvieron reparos en reconocer que la intervención de Moratinos fue una gran metedura de pata, pero no basta.

Gracias al ministro ya no es sólo la derecha cavernícola la que se lleva las manos a la cabeza. Ahora también se las llevan la izquierda y el centro cavernícolas.

A su lado encontramos el buen hacer y el mejor talante del presidente del Congreso, que desde su nombramiento está dando pruebas de su idoneidad para el cargo. Manuel Marín está acostumbrado a escuchar discrepancias en foros internacionales y no va a permitir que los escaños bajo su control se conviertan en una jaula de grillos al estilo de algunos parlamentos orientales cuando les da por repartir sopapos entre orador y orador.

Pero los esfuerzos de Marín por evitar el espectáculo en sus dominios de la cámara baja se convierten en aguas de borrajas cuando se juntan el bolivariano Chávez y el populista Moratinos, una pareja que parece sacada directamente de uno de esos locales que ofrecen un micrófono a disposición de los clientes para que suelten lo primero que se les venga en gana. El ambiente nocturno, el alcohol y la falta de responsabilidades diplomáticas transforma a esos improvisados diputados en una fuente de improperios, desatinos y esparcimientos que sirven para aliviar tensiones, pero que no deben ser tomados como ejemplo por políticos en ejercicio.

Y encima el PP, con lo de Elche, como para dar lecciones.

Un comentario a “El espectáculo”

  1. Russell Brotemarkle

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